DÍA
MUNDIAL DE TEATRO - 27 Marzo 2002 -
MENSAJE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO.
de
Girish KARNAD
Dramaturgo
El Natyasastra es uno de los tratados
de teatro más antiguos del mundo. Data de al menos el siglo III
a.C. y su primer capítulo cuenta la historia del Nacimiento del
Drama.
Era una época en la que el mundo
estaba hundido en la infamia moral. La gente había llegado a ser
esclava de pasiones irracionales. Había que encontrar nuevos medios
("agradables a la vista y al oído y también edificantes")
que pudieran hacer resurgir a la humanidad. Por eso Brahma, el Creador,
combinó elementos de los cuatro Vedas (textos sagrados) para formar
un quinto texto, el Veda de la Interpretación. Pero como los dioses
no saben de teatro, le encargaron el nuevo Veda a Bharata, un ser humano.
Y Bharata, con la ayuda de sus cien hijos y algunos danzantes celestiales
enviados por Brahma, montó la primera obra. Los dioses contribuyeron
con entusiasmo al aumento de las posibilidades expresivas del nuevo arte.
La obra que presentó Bharata
trataba de la historia del conflicto entre los dioses y los demonios, y
celebraba la victoria definitiva de los dioses. La producción encantó
a los dioses y a los hombres. Pero los demonios que había entre
el público se ofendieron profundamente. Así que usaron sus
poderes sobrenaturales y desorganizaron la representación paralizando
la voz, los movimientos y la memoria de los actores. Los dioses a su vez
atacaron a los demonios y mataron a muchos de ellos.
Desembocó en un acto de violencia.
Así que Brahma, el Creador, se acercó a los demonios y les
dijo. El Drama, explicó, es la representación del estado
de los tres mundos. Incorpora los objetivos éticos de la vida -los
espirituales, los seculares y los sensuales- sus alegrías y sus
penas. No hay sabiduría, ni arte, ni emoción que no se encuentre
en él.
Le pidió entonces a Bharata que
siguiera con la representación. No se sabe si la segunda representación
fue de nuevo un éxito.
Los eruditos que comentan este capítulo
lo toman como clave para afirmar que el mito condena a los demonios. Su
comportamiento se entiende como prueba de su error al comprender la auténtica
naturaleza del teatro. El discurso de Brahma sobre el teatro se convierte
entonces en la esencia del mito.
Eso, a mi parecer, es entender mal el
mito por completo. Para empezar, el hecho de que los demonios (no los dioses)
no recurran a la violencia física sino que ataquen sólo "la
voz, los movimientos y la memoria" de los actores, muestra un notable conocimiento
de los aspectos más sutiles de la representación.
Más concretamente, este es un
texto reverenciado, escrito para instruirnos en el arte y las técnicas
de la producción teatral, hablando de la representación primigenia
en la historia de la humanidad. El propio Creador, junto con otros dioses,
ninfas celestiales y actores entrenados, se implicaron en el proyecto.
El resultado debería haber sido un éxito clamoroso.
Sin embargo, se nos dice que fue un
desastre.
Aquí hay una declaración
implícita que los eruditos han evitado contemplar. Posiblemente
les haga avergonzarse. De hecho, las implicaciones contradicen abiertamente
a la propia estética reciente Hindú que afirma que el propósito
principal del teatro es separar al público del mundo exterior y
mitigarlo en un estado compartido de deleitación.
El mito, me parece a mí, señala
una característica esencial del teatro que los comentarios conciliadores
de Brahma no podrían reconocer posiblemente: que cada representación
- aunque esté cuidadosamente creada - conlleva en sí misma
el riesgo del fracaso, de la ruptura y por tanto de la violencia. Lo mínimo
que una representación en vivo requiere es un ser humano interpretando
(es decir, pretendiendo ser otra persona) y otro observándolo, y
eso ya es una situación cargada de incertidumbre.
El mundo nunca antes ha tenido tanto
drama como hoy. La radio, el cine, la televisión y el vídeo
nos inundan de drama. Pero aunque estas fórmulas puedan comprometer
o incluso enfurecer al público, en ninguna de ellas la respuesta
del espectador puede alterar el hecho artístico en sí. El
Mito de la Primera Representación subraya que en el teatro, el dramaturgo,
los intérpretes y el público forman un continuo, pero un
continuo que siempre será inestable y por tanto potencialmente explosivo.
Por eso es por lo que el teatro garantiza
su propia muerte cuando trata de interpretar con demasiada seguridad. Por
otra parte, lo que también es su razón de ser, aunque a menudo
su futuro parezca desierto, el teatro continuará viviendo y provocando.